Paz dentro del desastre.

lunes, 12 de diciembre de 2016

Back.

Ayer soñé con mi pasado, y miré lo bonito que estaba, aún con lágrimas en los ojos y las manos manchadas de pecados. 

Ayer soñé con él, y me susurró recuerdos difusos, y algo cansados de ser repetidos en bares y bajo el tinte de capítulos acabados.

Anoche sus dedos hicieron ríos de mi pelo, arrastrando restos de angustia, arrancando las costras que intentaban hacer cicatriz en la pena.

Corazón de rasca y gana, que con sus uñas hacía cosquillas, encerrando sus secretos dentro, muy dentro, poniendo candados a cada salida, dictando castigos en cada recaída. La cárcel palpita, sístole y diástole por cada latigazo.

Anoche vi demonios que bailaban alrededor de mi inconsciencia, como si fuese una fogata, que cuanto más apagada estaba, más bailaban.

Tal vez el incendio fue algo provocado, quizá, con la excitación del que se puede quemar, y poner luz a mi tan apagada e insulsa vida.

Anoche mi pasado revisó los parches que puse a cada surco que aún emanaba cólera.

El mar no parece tan grande desde la orilla, pero sí cuando estas en medio, naufrago. Algo así pasa con la vida.

jueves, 14 de enero de 2016

Carta a un psicólogo.

Mire, esto es como cuando va borracho. ¿Ha estado alguna vez borracho? Es igual.
Es como una sensación de mareo, como si el mundo hubiese dejado de ser mundo, y sólo importase ese mismo instante. Aunque solamente sea porque está a punto de vomitar.
Pues lo que me sucede es lo mismo. Pongamos que yo, en vez de vomitar, estallo. Sí, estallo. Me autodestruyo. No sé cómo decirlo. Digamos que es como llegar al punto en el que lo único que sabes es correr y correr y correr, como Forrest Gump. ¿Ha visto Forrest Gump? Es igual.
El caso es que huyo, sin más, huyo de la realidad, e intento hablar lo menos posible del tema, y si lo hago, no soy del todo sincera. Nunca lo soy. Nadie lo es.
Quizá venga implícito en el ser humano, ocultar traumas y miedos. Pero quién puede culparme, si son traumas y miedos, es por algo. Cuénteme usted qué le asusta, cuénteme qué es lo que más daño le ha hecho en la vida, o cuénteme esa imagen que tiene clavada en el corazón y que, a veces, le impide dormir en noches difíciles.
Claro que no me lo contará. Nadie lo hace.
¿Sabe? Sé que es natural estar asustado, pero no es sólo eso, es que estoy al borde de la parálisis. Y ya lo he estado otras veces. No muchas, quizá sólo una. No sé, pero no quiero volver a estarlo.
A veces pienso que el amor es mejor verlo de lejos, y no me refiero a esas comedias románticas americanas, supongo que sabrá de cuales hablo. No me refiero a eso. Me refiero al amor de verdad, al que te enciende por dentro. Hacia tu pareja, hacia tus amigos, hacia tu familia.
Pues ese tipo de amor, y disculpe la expresión, a veces no es más que mierda. Vuelvo a pedir perdón por la palabra. Pero en ocasiones me ha causado decir cosas más fuertes, créame. Supongo que a usted también.
La cuestión, y lo que vengo a contarle, es que a mí los sentimientos siempre me han parecido necesarios, importantes y sobretodo la razón de mi existencia. Y ahora, los noto escasos, perdidos, y los pocos que aún guardo, con ganas de correr. Ya sabe, como Forrest.
Así que le escribo únicamente para saber que no estoy sola, y que a usted también le ha pasado. Que usted también se ha sentido incomprendido, aun sabiendo que es tan corriente como cualquier otro de nuestra especie. Que usted también ha estado triste, y que me confirme si es normal llorar sin saber bien por qué. Quizá sólo busco que alguien me diga que el mundo es precioso, y yo lo estoy comprendiendo mal. Puede que únicamente quiera que me obligue a aceptar que las personas no son más que eso, y no milagros. Espero que entienda de lo que hablo.
La verdad, espero no haberle molestado, pero quería compartir con alguien que últimamente hago lo bonito feo, lo insignificante un planeta, y miro recuerdos felices como quien mira fotografías en un funeral ¿me entiende?

Ojalá lea esto y me entienda, y no piense que exagero, porque de verdad que no lo hago. Sólo soy quien siento. Y siento ser así, supongo.

miércoles, 13 de enero de 2016

Pum.

Si lo vas a hacer, que sea rápido.
Tengo las manos en alto.
Ningún arma.
Sólo llevo el alma encima.
Sé que vas a hacerlo, así que, por favor, que no duela.
Cuéntales a todos que me resistí, aunque sea mentira.
Sonríes.
Hecho. Me he enamorado.

lunes, 11 de enero de 2016

Diciembre.

No he sentido mayor miedo que la sequía de diciembre.
¿Recuerdas?
Las paredes se caían a trozos. La miel se volvía azufre.
El mundo pareció pararse, quedase atascado entre pasado y futuro.
¿Te acuerdas?
La noche se ensució.
Qué podrido ha llegado a estar este corazón.

lunes, 28 de diciembre de 2015

Felicidad compartida


Si tuviese que explicaros en palabras todo lo que me gustaría decir, estaría una eternidad rebuscando entre las páginas de los diccionarios de todos los idiomas que existen, y aún así, me faltaría tiempo.
Es un tipo de persona no calificada, especial sería la palabra. Y no lo digo por decir, lo digo porque lo he visto, de alma a alma, y os juro que es precioso.
Me encantaría poderos explicar cómo empezó todo, pero no sabría deciros el momento exacto, ni cuándo me di cuenta de que quería que se quedase conmigo, y que olvidase la tristeza y cerrase sus heridas, y me hubiese matado por que fuesen cicatrices.
Ojalá pudiese explicaros por qué me senté en un precipicio, miré hacia abajo y no sentí vértigo, por qué no tuve miedo de la palabra kilómetros que tanto me repetisteis. Pero no puedo. Y quizá fue por la bonita casualidad de comenzar una historia de distancia en el km 0.
Me gustaría que desde mis ojos vieseis lo que yo veo, y las cien maneras que tiene su mirada de darme los buenos días, y lo mágico que es cuando baja del tren y la vida vuelve a tener un color que sólo perciben los enamorados.
Me encantaría que tuvieseis esa seguridad que yo siento, de que todo el desastre de este mundo se silencia cuando me da la mano. Entonces, es como si me sujetase y ya no tuviese miedo. Yo, que no sé mantener el equilibrio y me dan pánico los espacios pequeños, soy capaz de vivir sin arneses ni aire si me abraza.
Me encantaría, de verdad, deciros todos los motivos por los que merece la pena esperar y luchar por nosotros, pero creo que aún no se ha inventado esa frase que se ajuste.
Puede que sea porque me encanta como suenan nuestros nombres juntos. Porque me llena más su ausencia que la presencia del resto. Es porque me ve de una manera que nadie ve, y porque se ha colado en mi corazón poquito a poco, con cuidado de no hacer daño, y muriéndose de frío se hiciese falta porque a mí no me faltase el calor que da la felicidad.
Es porque tardaría mas días y más noches en olvidarle de las que canta Sabina y porque, parafraseándole, "morirme contigo si te matan, y matarme contigo si te mueres".
Es por su sonrisa, sin puntos ni comas, porque deberían recetarla como cosquillas en la espalda, siete viernes por semana.
Es porque quererle ha sido lo más fácil, y lo más difícil que me ha pasado jamás. Pero sin duda, ha sido lo mejor.
Es porque su risa es la mejor medicina, la más bonita melodía entre todo el ruido, y porque si su voz se quiebra, aunque sea sólo un segundo, habrá sido el segundo más triste de toda la historia.
Porque me gustaría explicaros todo lo que siento, pero no puedo, porque lo más especial de todo, es que es nuestro. Que nos salvamos, que nos queremos, que nos cuidamos, y que nos debemos la vida. 
Que estamos endeudados con las casualidades que hicieron que fuese posible conocernos, y que hipotecaría el futuro si hiciese falta por repetir una y mil veces cada minuto desde entonces.
Así que, aunque me encantaría que me entendieseis, ahora sé que me da igual. Porque lo más importante por encima de todo, es que llevo amando cada momento compartido con él desde que entó en mi vida, y eso, es lo que importa.
Por mucha más felicidad compartida.

viernes, 21 de agosto de 2015

Train.

Escondes un rastro de emociones
que hicieron lo mismo con tu alma
que el agua a la piedra.

Aún sin forma definida
puedo asegurar que es
sin ninguna duda
el paisaje más bonito
que he visto, ni verán mis ojos
en toda mi existencia.

Los destellos de alegría
que tengo la suerte de presenciar
son como regalos, de esos porque sí.
De esos de un día cualquiera
en el que alguien decidió
por alguna razón,
que quería verte sonreír.
Exacto, eso es.
Tu alegría mi regalo,
sin ser mi cumpleaños
me hiciste querer cumplir vidas

a tu lado.

domingo, 19 de julio de 2015

Ahí empezaron los problemas.

Quizá es porque siempre he ido con cuidado,
con pies de plomo,
con el freno echado y sin necesidad de reparar ningún desperfecto.
No he tenido que contratar seguros,
ni calcular lo que tendría que pagar
o el precio que supondría romperlo todo.
Quizá, porque nunca me importó nadie,
porque nunca tuve a nadie real
que no le correspondiese por tener la misma sangre.
Quizá por eso, mis miedos eran egoístas
o ególatras.
Llámalo como quieras.
Pero, lo malo de esto,
es cuando encuentras a alguien
que sí te importa,
porque entonces, retenerlo,
comienza a ser tu prioridad.

Ahí empezaron los problemas.